Las temperaturas medias descienden con la altura, el aire que pierde calor condensa su vapor en humedad disponible para las plantas, de modo que la ganancia de cota favorece ecosistemas y especies propias de otras regiones más húmedas.
Las montañas, por otra parte, actúan como barreras para los diversos frentes atmosféricos, de modo que las laderas expuestas a los vientos húmedos desarrollan suelos más profundos y coberturas vegetales de sucesiones más maduras. Las sierras activan la descarga de los vientos húmedos liberándolos de la humedad en una de sus laderas como murallas que se encharcan por el impacto recibido de esponjas repletas de agua.
Una consecuencia adicional asociada a dicho proceso es el ascenso de la temperatura de las masas de aire que han descargado la humedad y que afecta a la fisonomía vegetal.
La estimación de las precipitaciones locales arroja un intervalo comprendido entre 350 mm en el sector más bajo y 700 mm en el sector más próximo al Moncayo.
A semejanza de territorios vecinos, la distribución de lluvias se concentra en los meses de primavera y otoño pero están lejos de mantener pautas regulares, especialmente durante el estío en el que son frecuentes largas sequías sólo aliviadas por las tormentas de convección (cuando son húmedas y no una amenaza de incendio en forma de tormenta seca).